Vivir el embarazo en reposo

Vivir el embarazo en reposo

 

SEMANA 26

 

Hace unos días tuve la cita mensual con el ginecólogo y ahora sí ya decidió ponerse serio. Con una mirada profunda, me dijo que era hora de tomarme en serio el reposo y que debía de permanecer el mayor tiempo posible en posición horizontal, cosa que aunque le juré que estaba haciendo, no he hecho, y supongo que ya se lo imaginaba porque algunas semanas antes le marqué para preguntarle si no había problema en que me metiera al mar o a la alberca. ¡Y es que con Diego no tuve oportunidad de hacer nada!

 

 

Mi reposo en esa ocasión fue total: no salía del cuarto más que para ir a las visitas del doctor y los únicos momentos del día en los que me levantaba era para ir al baño. Me permitían darme un regaderazo rápido una vez a la semana, el resto del tiempo me la pasaba en una cama de hospital con las piernas levantadas con una mesa de apoyo para mi computadora en la que trabajaba todo el día. Cuando me cansaba veía un poco de tele o leía, y afortunadamente tenía muy frecuentes visitas, en especial la de mi tío David, que si no iba a verme me llamaba para ver cómo me encontraba. Confieso que aunque fui inmensamente afortunada de que mi mamá y mi nana me atendieran en todo momento, fue más una tortura que un placer.

 

 

El estar lejos de mi casa y no poder arreglar todo para la llegada del bebé fue un descontrol, el tener que resolver cuestiones del trabajo por correo y teléfono era muy complicado y de un día al otro dejar de ser autosuficiente para hacer hasta las cosas más básicas como ponerte unos calcetines, fue terriblemente frustrante.

 

Ahora estoy en mi casa y aunque mi pareja me ayuda con todo, me he negado un poco más a dejar que me atiendan al 100%. Diario me levanto a prepararle el desayuno a mi hijo y ver que esté todo listo para que se vaya a la escuela, si tengo que resolver algo urgente del trabajo voy un par de horas a la oficina y cuando llega el sábado, sólo puedo pensar en una cosa: ir al mar. Eso sí, al medio día me tomo una larga siesta y me acuesto muy temprano pues cada vez estoy más cansada. Esta vez, el descanso moderado ha sido más un placer.

 

Pero las palabras de mi ginecólogo me retumban en los oídos cada vez que me levanto. Sé que el que me sienta bien no quiere decir que todo esté bien. He tomado todas las precauciones para asegurar que mi embarazo llegue a término pero este es el momento más crítico porque la bebé está creciendo cada día más y ahora es cuando subirá más de peso, lo cual quiere decir que hará más presión en el cérvix. La lucha entre la rutina y la cama es intensa y la cama debe ganar, al menos durante las 14 semanas que me quedan de embarazo.

 

Ustedes mamás que han estado en reposo, qué piensan: ¿es un placer o una tortura?