Todo sobre el parto inducido

Todo sobre el parto inducido

En ocasiones, algunas mujeres sobrepasan su fecha probable de parto sin tener contracciones, especialmente les ocurre a las embarazadas primerizas. Si esto es lo que te está sucediendo a ti, no debes preocuparte, en principio es mejor esperar unos días a inducir el parto. Siempre que no corran riesgo ni tu bebé ni tú, es preferible un parto natural espontáneo. En cualquier caso, debe ser tu médico quien determine si esperas a que se produzcan las contracciones o si es necesario provocarte el parto.

¿Qué es el parto inducido?

Cuando las contracciones no llegan en la fecha prevista o cuando existen complicaciones, se recurre a la inducción del parto para evitar dificultades. Se trata de provocar el parto de manera artificial y controlada. Aunque siempre entraña riesgos, ya que al no ser un parto natural se está obligando al cuerpo a entrar en un proceso para el que no se ha preparado y hay más posibilidades de que acabe en cesárea o parto instrumental.

En los últimos años se extendido la costumbre de programar el parto por razones de conveniencia personal, no médica. En EE. UU. han aumentado los casos de manera exponencial. En 1990 el porcentaje de partos planificados era de un 9,5 %, y en el año 2000 había aumentado hasta el 19,9 %. Diversas entidades médicas de reconocido prestigio desaconsejan el abuso del parto programado por cuestiones personales de la madre. Según dice la Organización Mundial de la Salud, el porcentaje de partos provocados artificialmente no tiene que superar el 10 % del total de nacimientos.

¿Cuándo es aconsejable practicarlo?

Como se ha mencionado anteriormente, el parto inducido tiene riesgos pero en ocasiones es la mejor decisión para sacar adelante tu parto sin poner en peligro la vida de tu pequeño ni la tuya. Hay varias situaciones que se pueden presentar en las que se hace necesario provocar el parto artificialmente. Una de las más comunes es cuando has superado tu fecha de parto probable y existe riesgo para el feto. Cuando el parto no se inicia espontáneamente, el médico aconsejará esperar desde unos días hasta dos semanas a que se inicie de manera natural. Nunca lo retrasará más allá de la semana cuarenta y dos de gestación.

Si se rompe la bolsa amniótica antes de tener contracciones y si el estado de tu cuello uterino no evoluciona favorablemente en las siguientes doce o veinticuatro horas, habrá llegado el momento de inducirte el parto. Si estás sufriendo una infección en el útero, tienes problemas en la placenta o no tienes suficiente líquido amniótico, tu hijo puede sufrir algún daño irreversible por lo que será necesario inducir el parto.

Si tu médico detecta que el feto no está desarrollándose con normalidad o si padeces diabetes gestacional o hipertensión, también se programaría el parto. Si el feto sufre alguna malformación o patología que requiera una intervención médica urgente o si has sufrido episodios de abortos o partos fallidos en anteriores embarazos a partir de alguna semana de gestación determinada, es posible que te programen el parto.

¿En qué consiste?

Lo primero es que el médico le realice al feto una serie de pruebas para valorar si está maduro para nacer. El parto inducido se puede provocar suministrándote fármacos o mediante otras técnicas. Para decidir qué método es el adecuado, el médico valorará tu caso atendiendo a tu estado (si ya tienes algún síntoma de parto, como el ablandamiento del cuello uterino) y el motivo por el cual es necesario inducir el parto artificialmente.

Una de las técnicas es la administración de medicamentos. La oxitocina es una hormona que nuestro cerebro produce de manera natural y que nos sirve para regular las emociones y procesos fisiológicos. Se suministra por vía intravenosa para provocarte artificialmente las contracciones necesarias para dar a luz. Se empieza con dosis bajas y poco a poco se van aumentando. Una vez que comiencen las contracciones te irán monitorizando para observar la evolución del feto y de tu útero.

Las prostaglandinas sintéticas funcionan de la misma manera que la oxitocina. Consiste en introducirte en la vagina un gel o un óvulo vaginal durante la noche. Dormirías en el hospital mientras te van haciendo efecto y tu cuerpo se va preparando para el parto. También se pueden suministrar por vía oral, y a veces se acompañan de la oxitocina con el fin de acelerar los partos lentos.

Otra técnica menos agradable es la ruptura de membranas. Tu médico, una vez que se ha puesto los guantes, introduce su dedo en tu vagina hasta atravesar el cuello uterino y lo mueve hacia adelante y atrás. Esto lo hace para romper la membrana que sujeta la bolsa amniótica a la pared el útero. Cuando consigue romperla, tu cuerpo comienza a liberar naturalmente las hormonas prostaglandinas que prepararán el cuello uterino para el parto y estimularán las contracciones. En el caso de que tu cuello uterino ya esté preparado para el parto, tu médico también puede optar por romper la bolsa amniótica con un gancho de plástico.