Qué son las contracciones de Braxton Hicks

Qué son las contracciones de Braxton Hicks

Durante el embarazo y mucho antes de que haya llegado el momento del parto puedes sentir contracciones. Son las llamadas contracciones de Braxton Hicks. Las embarazadas primerizas suelen asustarse cuando las sienten por primera vez al confundirlas con un parto prematuro. Si las sufres durante tu embarazo, no debes alarmarte, pues no son contracciones de parto. Se deben a que tu útero se está preparando para dar a luz. El útero es un músculo y las contracciones favorecen su flexibilidad. Mantén la serenidad, pero si tienes dudas acude a tu médico.

¿Qué son?

Las contracciones de Braxton Hicks son contracciones uterinas que comienzan a partir de la sexta semana de gestación; pero tú no las sentirás hasta la segunda mitad de tu embarazo. Reciben el nombre del doctor inglés que las describió por primera vez en 1872. Las primeras contracciones son esporádicas e indoloras. Por lo general, duran entre uno y dos minutos aunque a veces llegan a durar hasta cinco minutos. A medida que avance tu embarazo, aparecerán con mayor frecuencia e intensidad. No todas las mujeres las sienten igual, algunas ni siquiera llegan a notarlas.

Comenzarás a sentir que tu abdomen se pone duro en la parte superior, e irá bajando poco a poco. En las dos últimas semanas previas a la fecha de tu parto, las contracciones de Braxton Hicks pueden volverse tan frecuentes, rítmicas y dolorosas que es posible que te confundas creyendo que ya estás de parto. Aunque su ritmo sea regular y lleguen a ser intensas, no aumentarán ni su frecuencia ni su duración. Estas contracciones no producen ningún cambio importante en el cuello uterino, y menos dilatación.

A este cúmulo de síntomas producidos por las contracciones de Braxton Hicks se le llama falso parto; sin embargo, tienen una utilidad: van preparando a tu cuerpo para cuando llegue el momento del parto. Esta fase es la denominada preparto. Si no las tuvieras durante tu embarazo, es posible que tus contracciones de parto sean más dolorosas y menos efectivas para ayudar a tu bebé a salir.

 

¿Qué hacer cuando vengan las contracciones?

Hay algunas cosas que puedes hacer para minimizar las molestias causadas por las contracciones. A veces es suficiente con cambiar la postura: sólo con un pequeño movimiento puedes aliviar el dolor o hacer que desaparezca. Si estás realizando una actividad física en el momento en el que sientes la contracción, cambia de actividad o abandónala por completo, al menos, hasta que desaparezca la contracción. Bebe mucha agua, pues la deshidratación causa espasmos en los músculos, y esto puede provocar contracciones. No olvides vaciar tu vejiga con frecuencia.

Evita el estrés y procura estar relajada. Practica diariamente tus ejercicios de respiración de preparación al parto. Incluso en el mismo momento en el que estás teniendo una contracción haz los ejercicios. Durante la contracción, coloca tus manos sobre tu vientre y respira lentamente y con profundidad hasta que disminuya tu malestar.

Un baño relajante de agua caliente al final del día te ayudará a desestresarte y relajarte. Ten listo todo a mano para disfrutar de un momento de paz. Pon música relajante, luz suave y procura que la temperatura ambiente del cuarto de baño sea agradable para ti: ni demasiado frío ni demasiado calor. Otras veces lo que te aliviará será ponerte en movimiento, andar tranquilamente, pasear.

 

¿Qué las provoca y cuándo debes acudir al médico?

Puedes sentirlas cuanto tu bebé se mueve dentro de tu vientre. Por eso se sienten más al final del embarazo, cuando el bebé se está colocando en posición para salir. Recibir un golpe en tu barriga, presionarla o, simplemente, tocarla puede activar las contracciones. Te habrán repetido hasta el aburrimiento la importancia de evitar la deshidratación durante el embarazo. Ésta es una razón más para beber agua, pues la deshidratación puede provocar estas contracciones. En algunas mujeres, mantener relaciones sexuales también puede causarla. Por otro lado, las mujeres delgadas, con una intensa actividad física o con un ritmo de vida estresante son más propensas a sufrirlas.

Si aún no has alcanzado la semana treinta y siete de tu embarazo y las contracciones se vuelven más frecuentes, se hacen rítmicas y el dolor aumenta considerablemente. En esta circunstancia deberás acudir sin falta a tu médico o comadrona para asegurarte de que no estás teniendo un parto prematuro. Otros síntomas que deben preocuparte son los dolores abdominales parecidos a los menstruales: si tienes más de cuatro contracciones en una hora, si tienes pérdidas de sangre, si te aumenta el flujo vaginal o cambia su aspecto.

Así mismo, si sufres un dolor intenso en las lumbares que nunca antes habías sentido o si tienes la sensación de que tu bebé está empujando para salir, debes tomar precauciones. Pero si ya has superado la semana treinta y siete de embarazo no te alarmes mientras que las contracciones no tengan una duración de sesenta segundos y la frecuencia sea de cinco minutos. Aunque si tienes la menor duda, llama a tu comadrona y hazle una consulta telefónica. Es mejor preguntar que esperar a que sea demasiado tarde.