Problemas de la madre para amamantar

Problemas de la madre para amamantar

Existen 10 problemas principales que enfrentan las mamás a la hora de amamantar a sus hijos. LO mejor es saber de qué se tratan, para que estés atenta a ellos y le pidas ayuda a una enfermera o al médico para solucionarlos.

Dolor al amamantar

Amamantar no debe producir dolor. Este es el síntoma principal de la mayoría de los problemas del amamantamiento. La causa más frecuente de dolor en los pezones es la mala posición de la boca del niño al mamar. Si el niño introduce en su boca sólo el pezón y no la areola, la presión de las encías sobre el pezón, produce dolor.
El dolor interfiere con el reflejo de eyección de la leche, lo que provoca que el niño no reciba suficiente leche al mamar, ocasionándole inquietud y llanto. Esta actitud produce angustia a la madre, inhibiendo más aun la eyección láctea pudiendo conducir al fracaso de la lactancia.

Problemas psicosociales
La madre puede tener síntomas de ansiedad por falta de apoyo afectivo, económico o social. Es así que ella podría enfrentar con temor el embarazo, parto y luego la lactancia. Además, el no tener experiencias familiares favorables provocaría dudas e incertidumbre frente al amamantamiento.

Grupos comunitarios de apoyo podrían resolver estas dificultades en especial a madres solteras y/o adolescentes. Otros factores que desfavorecen el éxito de la lactancia son la sobrecarga de trabajo en la casa, la reincorporación laboral y problemas conyugales.

Otro inconveniente es la depresión post-parto que puede aparecer desde la segunda semana del puerperio hasta cinco meses o más después del parto. El manejo en estos casos comprende apoyo psicológico, intervención sobre el grupo familiar y uso de psicofármacos.

Grietas y fisuras del pezón
La causa más frecuente es la mala técnica de amamantamiento. Si la grieta es leve, se corrige sólo con la técnica adecuada, cuidando que la boca del niño esté de frente al pecho y que el pezón y areola queden dentro de la boca del niño. No se deben usar cremas cicatrizantes que sólo mantienen la humedad y retardan la curación. Después de cada mamada, se debe cubrir la areola y el pezón con leche materna y dejarlo secar al aire o exponerlos al sol o al calor seco por algunos minutos.

Si la grieta es extensa y dolorosa se deben probar distintas posiciones del niño al mamar, como por ejemplo, el niño sentado enfrentando a la madre. Las mamadas no deben distanciarse. Si la grieta se abre, aun usando la técnica correcta, se debe extraer manualmente toda la leche y darla al niño con cuchara por un periodo de uno a dos días.

Cuando hay grietas que no curan, se debe sospechar una sobreinfección micótica o una succión disfuncional, por lo que es importante examinar la boca y succión del niño.

Toda madre con grietas debe ser controlada periódicamente hasta resolver el problema, ya que existe riesgo de complicarse con una mastitis.

Congestión mamaria
Es la retención de leche producida por el vaciamiento infrecuente o insuficiente de las mamas. Puede ser primaria o secundaria.

La primaria se manifiesta por un aumento de tamaño de ambas mamas, que se ponen duras y sensibles, pero se puede extraer leche de ellas. El tratamiento más adecuado es el vaciamiento efectivo realizado idealmente por el niño. Si la areola está congestionada, el niño no será capaz de introducirla en su boca, por lo que debe hacerse extracción manual o con bomba hasta ablandar esta zona, para que el niño pueda mamar efectivamente.

La congestión secundaria es más complicada, ya que presenta edema en los espacios intersticiales, que en casos extremos cierra los conductos, impidiendo la salida de leche. Las mamas se encuentran muy duras, dolorosas, calientes y a veces enrojecidas. El tratamiento incluye uso de analgésicos, calor local para favorecer el vaciamiento y extracción frecuente (manual o bomba) y luego frío local para reducir la congestión. El cuadro demora 2 a 3 días en desaparecer.

 

Micosis mamaria
Es la infección por un hongo (candida albicans) que afecta la zona del pezón y de la areola y en casos extremos, puede llegar a comprometer los conductos mamarios. La zona afectada presenta un color rosado y a veces, grietas. Generalmente se observa la presencia de «algorra» en la boca del niño. Esta lesión de la piel puede además acompañarse de un dolor intenso, quemante y punzante, antes, durante y después de la mamada, lo que indica un compromiso de los conductos. Se tratará a la madre y al niño con antimicóticos locales, aplicados en los pezones y areola y en la boca del niño, después de cada mamada, por lo menos, durante diez días. Fuente de reinfección será todo objeto que estuvo en contacto con el hongo (ej: un chupete).

 

Mastitis
Es un proceso infeccioso del tejido intersticial que rodea al lóbulo mamario, cuya puerta de entrada más frecuente es la grieta del pezón. Se caracteriza por dolor, congestión y eritema localizado, generalmente, unilateral, con frecuencia acompañado de malestar general fiebre y calofríos. Otros factores que predisponen a esta inflamación son, un vaciamiento incompleto de las mamas, la retención de leche, el aumento del intervalo entre mamadas (saltarse una mamada), el destete brusco, el amamantamiento a gemelos y el agotamiento de la madre, siendo este último, factor de primordial importancia.

El manejo de la mastitis contempla como objetivo principal, detener la infección antes que evolucione hacia un absceso. El tratamiento incluye reposo absoluto, analgésicos o antiinflamatorios, líquido abundante, vaciamiento frecuente de la mama (no debe interrumpirse el amamantamiento) y antibióticos por un periodo de diez días.

 

Absceso mamario
Se produce como consecuencia de una mastitis tratada tardía o inadecuadamente.
El tratamiento es un drenaje quirúrgico, que debe complementarse con antibióticos y antiinflamatorios. Si el drenaje quirúrgico se ubica lejos de la areola, la madre puede seguir amamantando por ambas mamas; si se efectúa cerca de la areola, en ciertos casos se puede vaciar la mama manualmente o con bomba. Si este procedimiento es muy doloroso, y la madre no desea suspender la lactancia, puede optar por suspender la producción de leche del lado afectado, evitando el vaciamiento periódico de esta mama, ya que en ocasiones, la lactancia se
puede mantener en la mama sana.

Reflejo de ejección inhibido
El reflejo eyetolácteo puede estar interferido por la inseguridad, tensión y el dolor a amamantar, lo que impide un buen vaciamiento mamario, lo que genera disminución en la producción de leche. El niño se frustrará al mamar, al no obtener leche y al percibir la tensión materna, intensificando el ciclo. La repetición de la experiencia condiciona al niño a rechazar el pecho, especialmente si se usan suplementos en mamadera, de donde extrae su alimento con poco esfuerzo. Se deberá revisar la técnica de amamantamiento, solucionar la causa del dolor y tensión de la madre.

Reflejo de eyección excesiva
Este hecho puede condicionar un rechazo al amamantamiento. Al iniciarse la mamada, la madre presenta una gran descarga de leche que atora al niño, o si es capaz de tragarla, lo hace a una velocidad tal, que le produce distensión gástrica y dolor. La madre debe estar muy atenta y retirar al niño del pecho si observa que este no es capaz de manejar el volumen de leche que se descarga, siendo conveniente amamantar al niño en posición vertical o sentado frente a la madre. No es recomendable la extracció
n previa de leche, ya que perpetúa el problema de base.

Se recomienda amamantar un lado por vez, para que el niño reciba la leche rica en grasas del final de la mamada completa y que se estimulen alternadamente ambos pechos.

Crisis transitoria de la lactancia
Este problema puede aparecer en algunas mujeres, alrededor de los dos o tres meses posteriores al parto. El niño, que antes quedaba satisfecho después de las mamadas, ahora sentirá hambre permanentemente, pidiendo mamar cada par de horas, incluso de noche. La madre, por lo tanto, siente que «no tiene leche».

El problema se debe a que el niño ha crecido y su requerimiento de leche ha aumentado. La única forma que tiene el lactante de incrementar el volumen de leche que recibe, es mamar con mayor frecuencia, lo que genera un mayor estímulo de las glándulas mamarias, con el consiguiente aumento en la producción de leche.

Así el niño mamará con mayor frecuencia por unos pocos días, volviendo luego a su patrón anterior.
Es importante anticipar a las madres que se les puede presentar este problema, para que no auto indiquen suplementos, pensando que «se le está acabando la leche».

Andrea Torres Lobos es nutricionista titulada de la Universidad de Chile. Si te gustaría enviarle una pregunta, escríbele a editor@todobebe.com . No puede contestar todas las consultas, pero sí leerá tu mensaje y tratará de contestar tus inquietudes en una columna futura.