Pasadito de listo

Pasadito de listo

 

Mi niñote salió corriendo con la sonrisa de satisfacción y poder más grande que le haya visto jamás y gritando de la emoción. Acababa de pasar nueve horas en su nueva escuela, luego de hacer seis meses de Homeschooling con su #Mamaalcubo en casa.

 

Emocionado y contento se subió al coche riendo de la alegría. Me dio un beso y un abrazo y me dijo: «Me la pasé genial, papá».

 

Al llegar a su casa, mi niño le dijo a su mami que había sido “el mejor día de mi vida, mamá”.

 

Así inicia una etapa nueva y distinta para mi chamaco que ha sobrevivido a terribles peripecias y pruebas que le ha puesto el Universo en su corta vida, empezando por los padres que le tocaron.

 

Muchas personas dicen que con el primer hijo siempre se ensaya más, pero a mi muchacho le ha tocado una de ensayos que bordan en la manchadez. En defensa de #Mamaalcubo y mía, debo decir que todo lo que hemos intentado con nuestro pequeño Productito ha sido pensando en su bien.

 

Pero repasemos. En sus siete años y medio, el jovencito ha pasado por cinco domicilios y cinco escuelas distintas en dos ciudades.

 

Ha estado en dos Montessori, en una escuela activa bastante lamentable, en dos tradicionales y ahora se prepara para lo que, todo parece indicar, será la aventura de nuestra vida.

 

Todo empezó cuando nos vimos en la necesidad de buscarle lugar en alguna primaria, al terminar el kinder en la tal Decroly, un colegio activo con serios trastornos de personalidad.

 

Nuestra primera opción fue el Colegio Alemán, a donde lo llevamos junto con #Lalombriz y de donde él fue rechazado que porque no sabía leer ni escribir correctamente para su edad. Inició así un periplo que concluyó en que lo pusimos a repetir Kinder III y una terapia en donde la psicóloga le descubrió una característica maravillosa y compleja: es muy inteligente. Muy por encima del promedio, según algunas mediciones que le han hecho.

 

Eso terminó por llevarnos a una asociación civil en donde educan a chicos con esa característica, luego de que lo rechazaron por segunda vez del Alemán.

 

No pudo entrar de inmediato al iniciar el ciclo porque no había lugar, así que su mami se dedicó en cuerpo y alma a ayudarle con escuela en casa. Mi pequeño fue a museos, aprendió a leer tan rápido como cualquier adulto bien escolarizado, matemáticas, español y piano, además de natación y gimnasia.

 

Los martes por las tardes iba a esta escuela de la asociación donde aprendió química, astronomía, geografía, anatomía y que es un niño sobredotado, lo cual es al mismo tiempo una bendición y una complicación permanente porque el chamaco se la pasa pasándose de listo… y es muy listo.

 

Por supuesto, las cejas levantadas de propios y extraños no se han hecho esperar y aunque no es determinante, si vuelve sinuoso el camino para elaborar la estrategia de vida que queremos su mamá y yo para este pequeñín maravilloso.

 

A una semana de que inició su nueva etapa, la cosa luce prometedora. Él ha reducido sustancialmente su ansiedad y se muestra orgulloso de sus progresos, además de que ahora le ha dado por leer libros “sin dibujitos”.

 

Además, una serie de cambios en su vida, en los últimos meses, lo han vuelto un niño mucho más maduro, consciente y solidario.

 

Ser papá es complicado. Yo digo que es el arte de cagarla lo menos posible con los hijos. Ser papá de tres es aún más complejos. Pero ser papá y mamá de tres chamacos especiales como los que nos salieron es un reto enorme que pone a prueba nuestras capacidades cada día. La recompensa son las risas, las ocurrencias, la locura y la alegrías que brindan estos muchachitos.

 

Hoy sabemos que Matías tiene esta característica, pero todo nos hace sospechar que sus dos hermanas van que vuelan para allá.

 

Por ejemplo, el otro día, camino a la escuela, al mismo tiempo que #Lalombriz hacía un esfuerzo sobrehumanos para aguantarse las ganas de hacer del baño (cosa que consiguió a pesar del tráfico), su pequeña hermanita de año ocho meses, #Tremendita, le hizo honor a su sobrenombre y decidió que era buena idea desabrocharse el cinturón de seguridad de la sillita para el coche y cambiarse de lugar, mientras el auto iba en movimiento.

 

La aventura, pues, apenas comienza y se ve que se va a poner bueno el asunto.