¿A qué edad aparece la mentalidad científica de tu bebé?

¿A qué edad aparece la mentalidad científica de tu bebé?

Algo mágico sucede en el cerebro de tu bebé a los once meses. La mayoría comienzan a ponerse en pie o están a punto de hacerlo. En el momento en que lo consiguen, descubren un mundo muy diferente al que observan cuando están sentados.

Cajones, mesas de centro, sillas, muebles bajos, sofás, son parte de las novedades que descubren y que exploran con avidez.

Alrededor de los once meses, los bebés comienzan a examinar al mundo con mentalidad científica. Cuando algo les sorprende, les interesa más que cuando es previsible. Si se trata de un juguete, tratan de tomarlo y experimentan con él.

Según demuestra una investigación de la Universidad Johns Hopkins presentada en la revista Science, formulan hipótesis y las ponen a prueba para comprender el “extraño” comportamiento del juguete.

Pequeños genios

Las autoras de la investigación han ideado una ingeniosa serie de pruebas para comparar las reacciones de los bebés ante situaciones sorprendentes y previsibles. Por ejemplo, les mostraron cómo una pelota rodaba por una rampa y se frenaba al llegar a una pared; o bien cómo parecía pasar a través de la pared como por arte de magia.

Después, les enseñaron algo más sobre la pelota, por ejemplo, que emitía un sonido.

Los resultados muestran que los bebés aprendían más rápido si la pelota emitía un sonido, si había pasado a través de la pared, que si se había frenado. “Cuando los bebés se sorprenden, su aprendizaje mejora, como si aprovecharan la ocasión para aprender algo nuevo sobre su mundo”, explica Lisa Feigenson, coautora de la investigación.

Además, los bebés mostraron más interés por interactuar con la pelota que había desafiado sus expectativas que con la que no les había sorprendido. Cuando pudieron jugar con ella, lo hicieron como si intentaran comprender por qué la pelota actuaba de manera extraña.

Por ejemplo, si la pelota parecía haber pasado a través de una pared, la golpeaban contra una mesa como si quisieran ver si también podía pasar por ella. Pero si parecía haberse quedado flotando en el aire, como ocurrió en otra prueba, la lanzaban al suelo como si quisieran ver si caía. Estas reacciones sugieren que los bebés formulan hipótesis sobre lo que un objeto puede hacer y las ponen a prueba.

“Del mismo modo que los científicos que se encuentran con datos inesperados reflexionan sobre ellos, hacen experimentos o cambian sus métodos de trabajo, las mentes preverbales son sensibles al conflicto entre las predicciones y las observaciones, y utilizan este conflicto como base para aprender”, concluyen las investigadoras.

Sus ojos y su cabeza van por delante de sus posibilidades, van por lo que les gusta o quieren en ese momento. Te quitan la comida del plato, te agarran el cepillo de dientes, abren los cajones, meten la cabeza en la lavadora y se pasan un buen rato descubriendo ese micromundo cerrado metálico llamado tambor y se meten en los armarios, entre otras cosas.

Es una etapa dura para los padres desde el punto de vista físico, porque los niños son capaces de ponerse de pie con el peligro que ello conlleva. Nosotros debemos convertirnos en su seguro de vida, su escalera para ver lo que quieren ver en las alturas, sus pies para llegar allí donde sus ojos lo hacen y sus cuerpecitos no, y sus brazos para ayudarles a sostener aquello que sólo pueden agarrar unos momentos.

Sin embargo es una etapa mágica, porque empieza a formarse su carácter, porque te sonríen antes de hacer algo “sospechoso” y porque te das cuenta de que el bebé que hace once meses se acurrucaba en tus brazos es ahora una personita con muchas capacidades.