La frustración de la cesárea   

La frustración de la cesárea   

 

SEMANA 39

 

Desde que me quitaron el cerclaje he estado lista con las maletas para salir corriendo al hospital en cualquier minuto. Un par de veces he tenido contracciones bastante fuertes así que armada con mi teléfono y mi muy útil aplicación para contarlas, he comenzado a llevar registro, sólo para darme cuenta que una hora después,  ya no sentía nada. Así que en la última cita con mi ginecólogo y a un día de cumplir las 40 semanas, decidí tratar el temible tema de inducir el parto, pero su respuesta fue corta y tajante: “Me gusta dejar que la naturaleza actúe y si quieres, podemos esperar una semana más, pero no lo voy a inducir porque podría haber ruptura uterina, en dado caso programamos la cesárea”. Tan tan. Mi primera y segunda opción de plan de parto salieron volando por la ventana en menos de un minuto.

 

La verdad es que ya estoy muy cansada de esperar, me duele todo el cuerpo y conforme se va haciendo más grande la expectativa, mi desesperación crece más y más. Así que ya en la tranquilidad del hogar, no nos quedó a mi marido y a mi más que analizar la opción de la cesárea. Esperar una semana más puede parecer lo más adecuado, aunque me aterra la posibilidad de que la bebé comience a tener algún tipo de problema por pasarse del tiempo ideal. Es una realidad que la placenta puede comenzar a deteriorarse, puede faltar líquido amniótico, ¡no sé! Algo podría estar sucediendo de lo que nadie se de cuenta y por estar de necia de que quiero un parto natural podría dañar a mi hija. Sí, sé que sueno paranoica pero prefiero ser eso y estar tranquila y segura de que ella está bien.

 

Así que con calendario en mano decidimos elegir una fecha que nos gustara a los dos y llamé a mi doctor. Todo está listo: familia avisada, hijo mayor encargado, cuna armada, jefes enterados. Martina tiene un pequeñísimo plazo para nacer de manera natural o tendremos que sacarla por la panza.

 

Siento una terrible frustración porque ya me veía yo con mi plan de parto perfecto hecho realidad: lo he meditado, lo he visualizado, he trabajado mis miedos sobre las contracciones, pero nada… nada ha funcionado hasta el día de hoy. Pero bueno, debo reconocer que todo tiene una razón de ser, que por algo no ha nacido en las últimas tres semanas y que mal que bien eso le ha dado tiempo a mi niña para acabar de madurar. Así que en este momento solo me queda practicar la aceptación y por qué no… Alegrarme de saber que en muy poco tiempo, conoceré a Martina.

 

¿Ustedes que también han tenido que cambiar sus planes, cómo manejaron la frustración?

 

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