Crónica de un cerclaje

Crónica de un cerclaje

 

SEMANA 15

Por Jessica Léycegui

 

Finalmente, el tan temido día de la operación llegó. Mi ginecólogo me citó el jueves a las seis de la mañana en un hospital de Cancún, por lo que tuve que salir de mi casa una hora antes. Casi no dormí esa noche por miedo de que se me hiciera tarde, cosa que NUNCA me sucede pero que por alguna razón me mantuvo despierta esa noche y la anterior. Mi hijo se había quedado a dormir con mi mamá para poderlo llevar a la escuela al día siguiente y cuidarlo durante mi ausencia, mientras que mi pareja y mi papá me acompañaron para la operación.  Ya en el hospital,  llené todos los formatos necesarios y me pasaron a una camilla en el área de emergencias. Fue ahí donde empecé a ponerme realmente nerviosa.

 

Afortunadamente, las únicas dos veces que he estado internada fueron a causa de mi primer embarazo -el cerclaje de emergencia y la cesárea- y no sé si es por falta de experiencia o simplemente por miedosa que odio estar en el hospital. Confío plenamente en mi doctor y en que me atiende en una de las mejores instituciones en Cancún, sin embargo, cualquier cosa puede salir mal y en temas de salud, una operación es el mayor riesgo que uno puede correr a mi parecer. Y eso me aterra.

 

Mientras me encontraba en emergencias llegó la enfermera a colocarme el suero –que es lo que más me dolió de todo el procedimiento, además de que es molestísimo porque se me enfría la mano y cualquier movimiento me molesta- y a darme la bata, enseguida comenzó a hacerme diferentes pruebas y un interrogatorio sobre mi salud. Minutos después llegó el anestesiólogo a explicarme el procedimiento que él realizaría y al terminar me llevaron al quirófano. El horrible quirófano. Blanco, frío (¡helado!) y con sus millones de luces. Mientras arreglaban todo el material necesario las enfermeras, me colocaron la anestesia epidural, cosa que no me causó más que un leve calambre, pero inmediatamente comencé a temblar, no sabía si de frío o de miedo, sin embargo la sensación fue muy desagradable. Luego llegaron el doctor y su asistente, y así sin mucho preámbulo más que una corta charla para elegir la música que escucharíamos, comenzó. Todo fue muy rápido y claro, sin dolor. Estuvieron muy concentrados los tres doctores y el equipo de enfermeras, pero no dejaban de estar al pendiente sobre cómo me sentía.El procedimiento consiste en colocar una sutura en el cuello del cérvix para impedir que se abra, sin embargo existe el riesgo de la ruptura prematura de membranas y de contraer alguna infección. Mi mente desafortunadamente no paraba de pensar en todo lo malo que podría suceder y en lugar de estar relajada, lo único que quería era que terminara ya. Y así fue, en menos de una hora, todo acabó. Me pasaron a recuperación durante media hora, donde me pusieron unos deliciosos calentadores que agradecí completamente y antes de las 9 am ya estaba yo en mi habitación con mi familia. La mañana transcurrió sin novedad y a las 3 pm llegó mi médico a revisarme y a darme de alta, con indicaciones de reposar hasta el siguiente lunes y de tomar medicina para evitar las contracciones.

 

Hubiera parecido una mañana normal, como cualquier otra, sin mucha novedad. No hubo cortes, sólo una costura. Pero en verdad agradezco el no haber tenido que ser hospitalizada más veces en mi vida y cada vez confirmo más mi rechazo hacia las operaciones electivas. Ahora sólo queda esperar que mi bebé siga creciendo sano y fuerte y que lleguemos a término o al menos, hasta la semana 37.