Cáncer en el embarazo

Cáncer en el embarazo

 

El embarazo es una de las épocas de tu vida más felices. Desgraciadamente, para algunas mujeres esa felicidad se ve opacada por un diagnóstico de cáncer. Aunque el porcentaje de mujeres en estado gestacional que padecen un cáncer es bajo -una de cada mil- estos datos han aumentado en los últimos años por el retraso en la edad para buscar un hijo. Sin embargo, gracias a los avances en medicina, ya no es necesario elegir entre recibir tratamiento contra el cáncer o interrumpir la gestación. Es más, se ha comprobado que mujeres que decidieron abortar para someterse al tratamiento no mejoraron su pronóstico.

 

Cánceres más comunes en el embarazo

 

Uno de cada cuatro cánceres en embarazadas es de mama, que se suele tardar en diagnosticar porque los síntomas se confunden con los cambios en las mamas propios del embarazo. Es normal que notes aumento en el tamaño en tus pechos y cambios en la densidad, pero si aprecias la aparición de bultos, acude a tu ginecólogo. Aunque puede ser simplemente mastitis, no obstante es mejor prevenir que curar. El médico te realizará una exploración física y una ecografía. Si encuentra algo sospechoso te podrá hacer una mamografía o una biopsia.

 

El segundo más habitual es el de útero, casi tan frecuente como el cáncer de mama. El mayor factor de riesgo para desarrollar un cáncer cervical es tener el virus del papiloma humano (VPH). Puedes detectarlo por unas pequeñas verrugas genitales, aunque es posible que durante muchos años no presente efectos visibles y pase desapercibido. Es posible tratar y eliminar el VPH si lo detectas temprano, es importante saber que si no lo tratas puedes llegar a desarrollar un cáncer.

 

Es muy importante que acudas a revisiones ginecológicas periódicamente. Las pruebas diagnósticas que te harán durante el embarazo para ver si tienes VPH y en qué estadio se encuentra no son peligrosas para tu bebé. La prueba de Papanicolaou consiste en recoger células de tu cuello uterino y tu vagina para examinarlas con el microscopio. También te pueden hacer una prueba de ADN para buscar el virus o una colposcopia con la que el médico podrá ver el interior de tu vagina y tu útero para discernir si hay alguna alteración.

 

Otros cánceres frecuentes son las leucemias, en un 15% de las embarazadas, y los linfomas, con un 10%. Los síntomas de la leucemia son pérdida de peso, cansancio, falta de apetito, fiebre nocturna, hemorragias en la piel o las mucosas, dolor articular y óseo. Si tu médico sospecha que puedes tener leucemia te hará una biopsia de médula ósea. Algunos de los síntomas del linfoma coinciden con los de la leucemia como cansancio, pérdida de peso, fiebre, pero además tendrás los ganglios linfáticos inflamados y sentirás comezón en la piel. Se detecta con un análisis de sangre.

 

Los melanomas tienen una incidencia del 8% en mujeres en estado de gestación. Cualquier mancha o cambio repentino en un lunar que tengas en la piel en cuanto a color o textura, deberás de vigilarla con el dermatólogo. Durante el embarazo, a algunas mujeres se les descompensa la glándula tiroidea y al realizarse los exámenes pertinentes descubren que tienen cáncer de tiroides. Esto sucede en un 4% de las gestantes. Si sientes hipersensibilidad en la zona de la tiroides o sufres afonías frecuentes acude a tu endocrino. Él te examinará mediante una ecografía y si ve algo sospechoso te hará una biopsia.

 

Tratamiento durante el embarazo

 

Dependiendo del tipo de cáncer, del estado en el que se encuentre y de lo avanzada que esté tu gestación, tu médico decidirá qué tratamiento debes de recibir o si es mejor esperar a que des a luz. Valorará los riesgos para tu pequeño y para ti misma. Si requieres cirugía te la podrán practicar sin riesgo para tu hijo siempre que no afecte al aparato genital. La radioterapia está contraindicada para mujeres embarazas por el daño que puede causar al feto, aunque algunas mujeres la han recibido complementando a una cirugía en el último tramo del embarazo.

 

Durante el primer trimestre no te deben de suministrar quimioterapia ya que puede producir malformaciones a tu niño. Si lo necesitas, habrá que esperar al segundo trimestre, a partir del cual el riesgo para tu bebé se reduce hasta el 1,3%. Si el cáncer no está muy avanzado, quizá te aconsejen esperar a después del parto para comenzar el tratamiento. Por el contrario, si precisas tratamiento inmediato y te encuentras al final de tu embarazo te pueden proponer adelantar el parto practicándote una cesárea.

 

Cada caso es diferente y requiere de un protocolo de actuación personalizado. No te preocupes dado que existen multitud de opciones para curarte sin que afecte a la vida de tu hijo. Si después del nacimiento de tu pequeño tienes que someterte a quimioterapia o radioterapia, quizá tengas que renunciar a la lactancia temporalmente. Infórmate y consúltalo con tu especialista antes de tomar una decisión. Muchas mujeres deciden continuar dándole el pecho a su bebé a pesar del tratamiento.