Amigdalitis: qué es y cómo se trata

Amigdalitis: qué es y cómo se trata

 

Lo primero que debes tener claro es que las amígdalas -esas dos bolas de tejido que están al final de la boca y al comienzo de la faringe- son ganglios que forman parte del sistema linfático, cuya finalidad es recoger y destruir virus y bacterias. Son, pues, un elemento importante del sistema inmunitario, que protege a nuestro cuerpo de enfermedades.

 

Así, la amigdalitis no es otra cosa que la inflamación de las amígdalas cuando éstas se infectan de virus o bacterias a los que han tratado de combatir. Además de esta hinchazón, la enfermedad suele ir acompañada de fiebre, dolor de garganta, dificultades para tragar, y en algunos casos, pequeños depósitos de pus.

 

Cómo se trata

 

 

Dependiendo de la causa y la gravedad de los síntomas, la amigdalitis se cura de diversas formas. Si tu niño presenta simplemente una inflamación de las amígdalas sin dolor ni fiebre, puede que sencillamente que se haya lastimado con algo que comió o bebió con un esfuerzo inusual o por absorber humo de cigarrillos de alguien que fumó a su alrededor, por ejemplo. En estos casos, la inflamación debe curarse por sí sola, sin necesidad de ningún tipo de tratamiento.

 

Por el contrario, si tu niño presenta otros síntomas, especialmente fiebre, deberías llevarlo al médico para que determine si se trata de una amigdalitis producida por un virus o una bacteria. En el primer caso, no hay medicinas que la curen inmediatamente, sino que será el cuerpo el que termine eliminando el virus. No obstante, el pediatra te puede recomendar tratamientos para suavizar los síntomas, como analgésicos para el dolor o antipiréticos para la fiebre.

 

Si el médico diagnostica una amigdalitis de origen bacteriano, luego de hacer una prueba de laboratorio, le recetará a tu hijo un antibiótico. En este caso, es importante que tomes dos precauciones: en primer lugar, nunca le suministres antibióticos que el facultativo no le haya recetado expresamente, pues cada bacteria responde a un tratamiento en concreto; por otro lado, es necesario que le des a tu niño la dosis indicada durante todos los días señalados, aunque presente mejoría antes; de lo contrario, la infección puede regresar, y será más difícil de eliminar.

 

Además de las medicinas recetadas, puedes tratar de aliviarle el dolor dándole bebidas frías o logrando que haga gárgaras con agua tibia con sal. Asimismo, si algún miembro de la familia o amigos tiene amigdalitis, lo mejor es mantener a tu niño apartado de éste para evitar que se contagie. De la misma manera, no es recomendable que lo envíes al colegio si tiene esta enfermedad, para evitar que contagie a sus compañeritos.

 

 

La amigdalectomía

 

 

Hasta hace unos años, era frecuente que para tratar amigdalitis crónicas se escogiera la extirpación de las amígdalas por vía quirúrgica. No obstante, esta opción tenía sus críticos, quienes alegaban que un cuerpo sin amígdalas era más propenso a contraer enfermedades. A su vez, los defensores señalaban que la amigdalitis crónica, es decir, aquellos casos en los que una persona la sufría varias veces al año, podría generar enfermedades más peligrosas, como fiebres reumáticas o afecciones en los riñones.

 

Lo cierto es que el número de amigdalectomías ha disminuido, pero básicamente porque se han desarrollado antibióticos más efectivos que la hacen menos necesaria. Eso no impide que eventualmente el médico de tu hijo la recomiende si éste sufre de amigdalitis en forma periódica, o si cuando la padece, tiene grandes dificultades para respirar. Aunque relativamente sencilla, es una operación en la que se le administra al paciente anestesia general, lo que implica que éste deba pasar en el hospital al menos doce horas después de la operación.

 

La recuperación en este tipo de operaciones puede durar hasta catorce días, período durante el cual deben seguirse las indicaciones médicas en cuanto al tipo de alimentos y a ciertos cuidados que deberás tomar para evitar sangramientos, que ocurren en algunas oportunidades.

 

Antiguamente, las amígdalas se extirpaban por completo, mientras que ahora existe también una técnica que permite extraer sólo la parte inflamada, y así la recuperación es más rápida. Esta modalidad tiene a su vez el inconveniente de que la parte no extraída se inflame también posteriormente, por lo que será necesaria una nueva intervención; sin embargo, es una posibilidad remota.

 

En conclusión, puedes ver que la amigdalitis es una enfermedad bastante común y que tiene diferentes tratamientos, dependiendo de su origen y gravedad, incluyendo la posibilidad de extirpar las amígdalas. Lo importante es que tomes las medidas adecuadas de forma inmediata para evitar complicaciones, incluyendo consultar con el médico lo más pronto posible.