Todo sobre los accidentes infantiles

Todo sobre los accidentes infantiles

 

 

Por Nonantzin Martínez*

 

La primera vez que mi hijo se hizo un “raspón”, sentí cómo mi corazón dio un vuelco al ver que le escurría sangre de la ceja izquierda. Lloró, por supuesto, pero sólo lo hizo momentáneamente; después siguió corriendo, como si nada hubiera pasado. Esto le acaba de pasar, a sus escasos 15 meses de edad, durante su proceso inicial de caminar, en el que subirse a cuanto mueble y juguete se le cruce es lo único que le importa, pues él quiere descubrir el mundo por sus propios medios.

 

Apenas ocurrido el incidente, llamé a su pediatra, quien me hizo varias preguntas para saber la gravedad del asunto. No pasó a mayores, por suerte, y sólo requirió de lavar la herida con agua y jabón, aplicarle una pomada y ponerle un vendolete. De todo lo que me dijo, nunca se me olvidarán las palabras de consuelo: “tú no tienes la culpa y va a pasar muchas veces”. Sentí un gran alivio. Y es que tener niños en casa puede ser muy emocionante, pero también es todo un reto en materia de seguridad. Se caerán una y mil veces y no pasará a mayores, pero siempre habrá que estar preparados porque los accidentes infantiles podrían terminar en el hospital.

 

De acuerdo con la Subsecretaría de Prevención y Promoción de la Salud, de la Secretaría de salud, “en México y algunos países de América Latina, los accidentes en el hogar se encuentran dentro de las cinco principales causas de muerte entre niños de 1 a 14 años de edad y representan el 40% del total de fallecimientos de estas edades. Los accidentes más comunes se presentan por atragantamiento, ahogamiento, caídas, quemaduras, envenenamiento y atropellamiento”.

 

Más datos. La Organización Mundial de la Salud señala que “casi el 90% de las lesiones de los niños son resultado de hechos involuntarios o accidentales. Alrededor de 830, 000 niños mueren cada año a causa de lesiones, y cerca de 2,300 cada día. Más de mil de estos niños podrían salvarse si en todo el mundo se aplicaran medidas de prevención de las lesiones de probada eficacia”.

 

La primer regla a seguir para evitar un desenlace fatal, que el Dr. Jesús Hernández Tiscareño, pediatra intensivista del Centro Médico Nacional Siglo XXI sugiere, es que todos los papás tomen –tomemos– un curso de primeros auxilios, pues es una gran medida que puede salvarles la vida de un atragantamiento, de un resbalón en la tina o de un mal golpe en la cabeza. “Saber cómo actuar ante un hecho inesperado, podría hacer la diferencia”, agrega. Pregunta por cursos con el propio pediatra de tu hijo, en la Cruz Roja o en el hospital o clínica en donde regularmente acudas a consulta y dense tiempo, tú y tu pareja, incluso los abuelos o las personas que los cuidan, para que te sientas más tranquila.

 

La segunda regla de oro es hacer adecuaciones a la casa y tomar las debidas precauciones, como las que recomienda la Dra. María Jesús Esparza Olcina, de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, quien resume en estas sencillas palabras lo que estamos hablando: “¡qué difícil es prevenir un accidente doméstico en un niño, y qué fácil al mismo tiempo!”. Ella sugiere que, atendiendo a la existencia de estudios de prevención, se tengan dispositivos de seguridad en el hogar como:

 

  • Alarmas contra incendios
  • Vallas para escaleras
  • Tapones para enchufes
  • Vallas en piscinas y limitación de la temperatura del agua doméstica

 

Asimismo, hay que tener precaución y cuidado con:

  • Medicinas y productos tóxicos, cuchillos y objetos punzantes. Es necesario almacenarlos y guardarlos en donde no los alcancen.
  • Siempre hay que tener a la mano el número de teléfono de algún centro de toxicología.
  • Disminuir el uso de andaderas, pues el riesgo de caídas es muy alto.
  • Contar con cerraduras para ventanas o pantallas, o ventanas con abertura limitada.
  • Poner en casa alfombras o planchas adhesivas no resbaladizas para baños.
  • Mantener objetos pequeños fuera del alcance de los niños
  • Nunca dejarlos solos en el baño.

 

Una guía rápida

 

La Secretaría de Educación Pública (SEP), en su capítulo “Accidentes más frecuentes en los niños”, dedicado a los padres de familia, ofrece una guía breve ante los accidentes más comunes, y a continuación la presentamos:

 

Caídas

 

Son los accidentes más comunes durante la infancia . Aunque estamos acostumbrados a verlas como algo normal, pocas veces pensamos que pueden ocasionar lesiones tan graves como una fractura o incluso la muerte. “Cuando una caída origina un raspón leve o un rasguño, sólo debemos lavar la herida con agua y jabón. Pero cuando un hueso se ha roto o se ha salido de su lugar, debemos acudir al médico para que el accidentado reciba atención profesional lo antes posible”. Como bien se señala: “la libertad de explorar implica tropiezos, y el medio de un niño pequeño debe permitir “tropiezos seguros”. Además de la lección aprendida, estos tropiezos pueden considerarse como una preparación contra accidentes más graves a través del incremento de la confianza del niño en su propia habilidad para enfrentarse a cambios inesperados”.

 

 

Obstrucción de la respiración

 

Sobreviene después de que se atora algún objeto en la garganta e impide la respiración. Puede conducir a la asfixia y es común en los niños porque se llevan casi todos los objetos que encuentran a su paso a la boca, incluidos trozos grandes de comida. “Es importante no sacar el objeto con la mano porque podemos hundirlo más. Se recomienda intentar su expulsión colocando al niño boca abajo y golpeándolo en la espalda con la palma de la mano; si no lo expulsa, la decisión más adecuada consiste en acudir inmediatamente al servicio médico más cercano”. Puede sobrevenir una asfixia mortal en menos de cuatro minutos.

 

 

Envenenamiento e intoxicación

 

Entre las sustancias más comunes se encuentran los limpiadores domésticos como el cloro, el detergente y la sosa, los insecticidas, las medicinas y los alimentos descompuestos. “No debemos hacerla vomitar, es mejor llevarlos rápidamente al hospital más cercano o solicitar asistencia médica de urgencia. Si el niño está consciente y habla, pregúntale qué sucedió. Si no lo está comprueba si tiene libres las vías respiratorias. Si ves que deja de respirar, dale respiración artificial.

 

 

Quemaduras

 

Una quemadura grave puede ocasionar la muerte de un niño o incapacitarlo para toda la vida. “Pocas veces pensamos que una quemadura en la mano impedirá que un niño pueda tomar un lápiz o una herramienta, por ejemplo”. Si esto sucede, no hay que tocar el área lesionada, ni retirar nada que haya quedado adherido a la lesión. Hay que colocar la parte quemada bajo el chorro suave del agua limpia y acudir de inmediato al servicio médico. Si las ropas de la persona están ardiendo, hay que tirarlo al suelo, apagar el fuego y envolverlo con una tela que no sea inflamable. Cuando la quemadura es de primer grado, el daño será en la capa más externa de la piel. Lo puedes observar con una piel enrojecida y caliente; en ocasiones, con ámpulas y ardor si se toca la zona afectada. Las quemaduras solares son un ejemplo de ello. Hay que mantener la zona quemada bajo agua fría hasta que cese el dolor. Hay que tapar el área quemada con una compresa estéril o con un trozo de sábana seca y limpia. No hay que tocar la zona de la quemadura ni aplicar lociones. Las quemaduras de segundo y tercer grado no deben sumergirse en agua. La gravedad de la quemadura depende de la superficie quemada y de la profundidad de la lesión.

 

 

Cortaduras

 

Heridas provocadas por un objeto filoso o punzocortante. Esta lesión puede ir desde una pequeña cortadura hasta una mutilación o pérdida de un miembro.

Hay que lavar perfectamente con agua y jabón la parte afectada y acudir a la Unidad de Salud para que un médico revise la lesión, que seguramente sangrará, y podría causar una infección. Por fortuna, la mayoría de los cortes son leves y no requieren atención médica. Si la herida es profunda y sucia, puede ser necesaria la vacunación antitetánica. “Cualquier herida grande debe ser examinada por un médico, pues tal vez sea necesario suturarla”. Para curar una herida, hay que lavarse bien las manos, con agua y jabón, luego lavar bien la herida con agua hervida y fría y jabón. Es mejor no poner alcohol, tintura de yodo o mertiolate dentro de una herida, ya que puede dañar los tejidos y tardar en aliviarse.

 

Los accidentes son parte de la vida cotidiana y muchas veces es imposible evitarlos al cien por ciento. Lo que sí podemos hacer es prevenir, entendiendo la prevención de accidentes infantiles como el hecho de “proporcionar al niño un ambiente natural y sin riesgos para que realice sus actividades” (por ejemplo, nunca se te ocurra, ni por equivocación, dejar al bebé o niño solo en el cambiador, objeto alto o cama). La principal forma de prevenir accidentes en el hogar es tenerla ordenada, para que cada cosa esté en su lugar y los objetos de riesgo, fuera de su alcance.

 

 

¿Sabías que el riesgo de lesión por caída en casa es el doble que en una guardería?

 

En las zonas de juegos, las lesiones por caídas se relacionan con la altura del equipo (se duplican o triplican si es más de dos metros) y con el tipo de superficie (se duplican si ésta no absorbe impactos).

 

A partir de los dos años  aumentan los accidentes fuera de casa, pues los niños pasan más tiempo en parques, guarderías, en la calle, etc. Son más frecuentes en primavera y verano.

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