Historia de mi cesárea de emergencia #EntreNosotras

Historia de mi cesárea de emergencia #EntreNosotras

Por Yesika Rodriguez

 

Mi hijo Benjamín nació el 30 de Enero de 2014, pesando 2940 Kg, midiendo 48 cm, justo el día que ingresaba a la semana 36 debido a un cuadro de preeclampsia.

 

 

Durante todo el embarazo me controlé semanalmente con mi obstetra, me realizaron una ecografía por semana desde la semana 6 hasta la semana 35. En las ultimas 4 semanas empecé a experimentar picos de presión alta que rondaban los 130/80 y se controlaban con dieta hiposódica.

 

 

El miércoles 29 de enero, a las 13 horas sentí mi primera contracción, mi obstetra me había preparado bastante para afrontar el trabajo de parto, me había hablado de las contracciones de Braxton Hicks, que eran pasajeras y que no se repetían ni perduraban en el tiempo,así que, después de identificar lo que interpreté como una de ellas, decidí por las dudas comprar las últimas cosas que faltaban en el bolso del gran día.

 

 

Así que fui al centro comercial en uno de los días mas calurosos que se puedan imaginar hice un poco de shopping, tomé un helado y volví a mi casa… cuando volví me di cuenta que hacía un buen rato que mi bebé no se movía, entonces empece a comer dulce d leche, lo que más hacía que mi bebito se moviera, y nada, no se movió. Llamé a mi esposo Nazareno que estaba trabajando y cuando llegó a las 12 de la noche fuimos a la clínica,( eran las 10 cuando me di cuenta que no se movía.) Apenas llegue el médico decidió hacerme un monitoreo y escuchar los latiudos del bebé, pero no fue fácil hallarlos.

 

 

Mientras buscaban en el aire el sonido de sus latidos una obstetra me tomaba la presión arterial y súbitamente me miró a los ojos y me preguntó: «Yesica,¿te sientes bien? ¿Te duele la cabeza?». «Sí; me siento bien, no me duele nada, pero qué pasa con el bebe?». El médico me dijo: «Tienes la presión muy alta, hay que sacar al bebé de la panza, ¿sabes? Quédate tranquila que todo va a estar bien». Yo empecé a llorar muerta de miedo y él me agarro la mano y me dijo: «¡Tranquila! ¡Vas a conocer a tu bebe hoy! Él va a estar bien y tú también».

 

 

 

Mi marido estaba muy nervioso y asustado, yo me daba cuenta aunque él trataba de parecer lo más sereno y confiado. Mi médico obstetra, estaba de viaje, otro gran golpe para una noche inesperada. Así que opté por escucharlo al teléfono y ponerme en manos de quien estaba de guardia e iba a traer a mi bebé a este mundo. Me tranquilizó escucharlo decir que era bastante común la hipertensión durante el último trimestre y que todo iba a estar bien, además Nazareno iba a poder presenciar la cesárea.

 

 

 

Cuando me di cuenta eran las 2 am y yo estaba en camisolín lista para el quirófano y Nazareno también. Nos llevaron por puertas diferentes. Yo entré, me anestesiaron hablándome de cosas muy divertidas como que mis tatuajes eran más dolorosos que lo que venía y que lo más lindo era que no iba a poder creer lo rápido que era. Cuando el anestesiólogo terminó con su monólogo, Gustavo, el médico de guardia dijo: «Que entre el papá» y ahí entró Nazareno vestido para el quirófano,  sonriente y nervioso.

 

 

Me dio un beso, me dijo: «Ya está, mi amor, ya está. Eres muy fuerte». Nuevamente la voz de Gustavo » Bájenle el telón a la mamá», y mientras bajaban el campo que me obstruía la vista, escuché el sonido más hermoso que jamas había imaginado. ¡Era su voz! Estaba morado, tenía mucho pelito en su cabeza y estaba muy enojado, lloraba fuerte, ¡muy fuerte! Mientras para mí era diminuto, ellos decían, ¡qué grande es para sus 36 semanas!

 

 

De hecho estaba tan bien que pese a su edad gestacional, después de los controles, vino conmigo a la habitación y no pasó por la unidad de neonatología como se había programado en ese momento… Lo que siguió fue darme cuenta que era extremadamente igual a su papá, que la espera había terminado súbitamente, pero que el temor a la urgencia no significaba absolutamente nada en comparación a la alegría y al desborde de amor que sentimos e ese momento. Eran las 2.30 am del 30 de enero de 2014… y nuestro hijo había llegado a nuestras vidas un mes antes de su fecha probable, de urgencia, por cesárea de madrugada, cambiando nuestras vidas de un soplo.