Oda a mi doula

Oda a mi doula

A través de la historia, las mujeres han sido quienes asisten en los partos, con la lógica de que somos las mujeres quienes damos a luz. Es por eso que la figura de la partera ha estado siempre presente, pero a principios del siglo XIX los médicos (quienes en esa época eran solamente hombres) le quitaron el parto a las mujeres y poco a poco esa imagen de la partera fue relegada y empezó a compararse con brujas, chamanas, ayuda sólo útiles en lugares apartados en donde el acceso a la salud es escaso, o como una mera asistente para el médico.

Últimamente esa imagen ha empezado a cambiar. En primer lugar, médicos femeninos son tan comúnes como los masculinos, lo que ha permitido a las mujeres apropiarse de sus propios procesos una vez más, además de que en muchos lugares del mundo son las parteras quienes dan la atención tanto prenatal como de parto en los hospitales, y no los y las ginecólogos. Cuando llegué al curso psicoprofiláctico, tuve la opción de pedir a una partera o Doula que me acompañara durante el embarazo. Mi esposo y yo no estábamos seguros de querer a alguien más dentro de la sala de parto, pero ahora sé que es alguien que puede hacer de la experiencia de un parto algo mucho mejor para todos.

Es muy difícil describir todas las funciones que realiza una Doula antes, durante y después del parto así que mejor he escrito una “Oda a mi Doula” que les presento a continuación:

Mi Doula es como una entrenadora olímpica que me prepara física y mentalmente para los retos que implica mi debout en el primer maratón de mi vida: mi parto.

Mi Doula es como un caballero medieval matadragones, defiende mi comodidad en los procesos hospitalarios que quieren encerrarme en una cama con estribos.

Mi Doula es como una mamá, pero que no es mi suegra ni la de mi esposo. Nos da consuelo y tranquilidad y nos apapacha cuando lo necesitamos.

Mi Doula es como un fanático del fútbol en el estadio: me echa porras y nunca pierde la fe en que tendré éxito en mi empresa.

Mi Doula es como Batman: le mando una señal y corre en mi rescate.

Mi Doula es como una Pitonisa con telequinesis: puede leer mi pensamiento y saber qué necesito, cómo lo necesito y cuándo lo necesito (que casi siempre es “A la de ya!”)

Mi Doula es consejera matrimonial: sabe qué decir para calmar las aguas cuando estoy a punto de estrangular a mi marido.

Mi Doula es como una vocera presidencial: sale a dar conferencia con la familia, les dice que se esperen, que no pueden pasar, que todo va a salir bien… y a ella no le reclaman, y si le reclaman no le importa.

Mi Doula es como mi Miss de Primaria: me enseña las cosas, me asiste cuando lo necesito y me deja que lo haga sola cuando ve que estoy preparada.

Mi Doula es como una enfermera, pero una de verdad no de esas que te dicen “reinita”.

Mi Doula es como mi médico (muchas veces si es médico), y me explica qué sucede en mi cuerpo y cómo lo puedo afrontar.

Mi Doula es como una yogui: me ayuda a alejarme de lo mundano y me enfoca en el aquí y el ahora.

Mi Doula es como la diosa Vishnu: tiene por lo menos cuatro manos para hacer todo lo que hace al mismo tiempo.

Mi Doula es como un fantasma: sabe ser invisible cuando mi esposo, yo y nuestro nuevo bebé necesitamos intimidad y empezar a conocernos.

Mi Doula es como un cirquero: me distrae y entretiene cuando necesito un momento de risas y cosas livianas.

Mi Doula es como el compadre de mi esposo: lo escucha cuando necesita quejarse de mí y le da buenos consejos.

Mi Doula es como mi mejor amiga, pero que ya ha tenido mil hijos, me visita y no espera que le ofrezca café o refresco. Me ayuda y me enseña a lactar, cambiar un pañal y me consuela si me siento deprimida o abrumada.

En fin, mi Doula es esa pieza clave que hace un parto mejor (aunque yo no pude tenerla a mi lado en mi parto, ya les contaré por qué…).