Del libro «Sigamos creciendo con nuestros hijos:» Lo que caracteriza a los buenos padres

Del libro  Sigamos creciendo con nuestros hijos   Lo que caracteriza a los buenos padres«Si pudiera volver a empezar mi vida, pasaría más tiempo con mis hijos», es la respuesta de la mayoría de los moribundos, padres de familia, cuando se les pregunta qué les gustaría haber hecho distinto en su vida. Nadie lamenta no haber pasado más tiempo en la oficina o dedicado más horas al trabajo, pero sí no haber gozado más de la compañía de sus hijos. Sin embargo, las crecientes demandas de la vida actual llevan a que los padres tengan cada vez menos tiempo para dedicarle a la familia y disfrutar de sus hijos. «No me esperen a comer, llegaré tarde porque tengo mucho trabajo», o «No, hijo, no puedo acompañarte al juego porque tengo mucho que hacer», son comentarios que se escuchan a menudo, por lo general acompañados de la promesa de que más adelante sacarán el tiempo para estar juntos.

Pero el tiempo no se detiene. Los hijos no esperan en el estado en que los dejamos mientras nosotros trabajamos para hacer un capital. A los niños sólo se les cae el primer diente una vez, sólo cumplen cuatro años un día, sólo son los héroes que ganan el juego definitivo del año en una determinada ocasión, y si no estuvimos presentes en esa oportunidad será imposible hacerlo después. No podemos planear, por lo tanto, que nos dedicaremos a los hijos cuando hayamos alcanzado determinado nivel en los negocios o la profesión, porque siempre surgirán nuevos retos o problemas que demandarán cada vez más dedicación. Cuando los papás están muy poco presentes en la vida de sus hijos durante la infancia, no se dan cuenta de en qué momento los niños crecen y terminan separados por un vacío que es difícil, si no imposible de subsanar.

Se necesitan dos para criarlos
El papel del padre en la relación con los hijos ha sido siempre primordial e indelegable, pero hoy es más importante que nunca. En la medida en que la mujer participa cada vez más en el campo laboral y profesional, la institución matrimonial ha sufrido un cambio importante, que exige más participación del papá en las tareas cotidianas del hogar y en la crianza de los hijos.

Las funciones de proveedor del hogar, antes exclusivas del hombre, ahora también las comparte con frecuencia la mamá. Como las cargas económicas se han redistribuido entre las parejas, es necesario hacer lo mismo con las tareas que en el pasado eran función exclusiva de la mujer, como son el cuidado y la crianza de los hijos. Si el hombre no asume un papel más activo, quienes sufren la pérdida resultante de la ausencia de la mamá en el hogar son los hijos. Y las consecuencias de la soledad y el vacío que esta situación conlleva para los hijos pueden ser muy graves y dolorosas para todos.

Nadie duda de la sabiduría de la madre Naturaleza. Si se requiere de dos personas para gestar una vida es porque los dos son necesarios para la formación y el crecimiento de ese nuevo ser. La labor de formar a los hijos es una tarea compartida, en la que tanto la madre como el padre desempeñan un papel fundamental y complementario que los hace insustituibles. Además, como reza el dicho popular, «dos cabezas piensan mejor que una» y las decisiones importantes en la vida de los hijos pueden ser más prudentes y acertadas si se toman en conjunto.

En quién confiar
Copiando el modelo con el que se criaron, todavía hay algunos hombres que consideran que su papel en la familia es ante todo el de proveedor, y que cualquier otra cosa que hagan con los hijos es una cortesía de su parte, pero en ningún caso una obligación. La participación de estos padres en la educación de los niños casi siempre se limita, como antaño, a imponer disciplina en la familia, y por lo general en forma brusca. Dentro de este modelo hay poco lugar para la ternura, la comprensión, la camaradería y las demostraciones afectivas por parte del papá, los cuales son indispensables para que los hijos se sientan amados por él.

En el otro extremo se pueden situar los padres que, conscientes de la importancia de estar más tiempo cerca de sus hijos, se sienten culpables por su ausencia en el hogar y tratan de compensarla dándoles gusto a los niños en todo lo que se les antoja, y cayendo a menudo en el extremo de permitirles hacer siempre su voluntad. Estos niños saben que cuentan con la aprobación incondicional de su papá, muchas veces aun en contra de lo que diga su mamá. Los resultados de esta actitud, lejos de contribuir al bienestar de los hijos, son perjudiciales no sólo para los niños sino para las relaciones familiares.

Una de las funciones más importantes de los padres es promover la recta formación del carácter de los hijos, y para ello es preciso establecer normas de conducta muy definidas y velar por que los niños las cumplan. El padre debe ser una autoridad amorosa en la que el niño confíe porque cree que es capaz de darle esa dirección. La falta de límites hace que los niños se sientan perdidos y carezcan de la guía que precisan. En efecto, está visto que la seguridad de los niños se fundamenta, en muy buena parte, en el hecho de percibir a sus padres como personas de quienes puede obtener la fortaleza y orientación que necesita a lo largo de su camino hacia la adultez.

Presencia emocional y física
El papel del padre en la formación social y moral de los hijos también es de vital importancia. La masculinidad, la virilidad, la lealtad con la pareja y el coraje son virtudes que los niños hombres no pueden aprender en libros ni en películas, sino que las copian de lo que ven en su padre.

Al mismo tiempo, las niñas aprenden a relacionarse con los hombres y a entender la forma como los hombres reaccionan ante ellas a través de las interacciones con su padre. Las relaciones entre papá y mamá sirven a su vez de modelo de las actitudes que pueden esperar las mujeres del sexo masculino. Por esto la ausencia del padre tiene efectos negativos en el desarrollo psicosexual de las hijas, especialmente cuando se aparta de ellas desde que están muy pequeñas, sea por muerte, por abandono o por simple negligencia. Las niñas que han vivido esta experiencia tienden a demostrar poca confianza en los hombres, a procurar evitarlos, a tener dificultades para establecer compromisos afectivos perdurables con el otro sexo, y por lo general se casan mucho más tarde que aquellas cuyo padre sí hizo parte activa de su vida.

La fortaleza de la figura masculina también es básica para la estabilidad de los hijos. Desde su más tierna infancia los niños necesitan sentir que tienen un papá que puede protegerlos ante el peligro, orientarlos ante la incertidumbre y respaldarlos cuando se sienten débiles. Si el padre está activamente involucrado en la vida de los hijos podrá percibir mejor sus necesidades y estar disponible como guía cariñosa y protector amable cuando lo necesiten.

La importancia del padre en la vida de los hijos se ha demostrado a través de múltiples estudios. Por ejemplo, está visto que, durante la escuela primaria, los resultados académicos de los niños cuyos padres son hogareños y participan en forma activa en la vida cotidiana de sus hijos son mejores que los de aquellos cuyos padres sólo comparten muy poco tiempo con su familia.

Sentirse amado
El niño frecuentemente interpreta la ausencia del padre como un rechazo o como una demostración de lo poco que vale. («Soy tan poca cosa que no vale la pena ocuparse de mí».) El sentirse rechazado o poco valorado por el hombre más importante de su vida inevitablemente deteriora la autoestima de los hijos, y suele llevarlos a sentirse inseguros, angustiados y ansiosos.

Todos los niños necesitan sentirse amados, valorados y aceptados por su padre, y percibir que él los considera capaces y adecuados para arreglárselas en la vida. El padre que pasa pocas horas con sus hijos, así como aquel que aunque esté en su casa no les presta atención, les está comunicando que ellos no son importantes para él. Esto para los niños significa que no los ama.

Se ha visto que la ausencia paterna puede abonar el terreno para que los menores recurran a las drogas, al alcohol, al vandalismo o a la promiscuidad sexual como medio para calmar el dolor que les deja el no sentirse amados, para obtener la atención que no reciben de su papá, o para desquitarse de lo que ellos interpretan como desamor de parte suya.

Desde el momento en que se es padre la empresa más importante para el hombre es su familia, el cargo más importante es ser padre y el oficio más importante es cuidar y querer a los hijos. No hay una sola empresa que salga adelante porque su propietario le invierte mucho capital pero poco tiempo. Para tener éxito toda empresa requiere de la consagración continua y permanente de su cabeza, y la familia no es una excepción.

Los hijos no esperan a crecer hasta que el padre haya hecho un capital. El tiempo pasa muy rápido y lo que no se hace en su momento por los hijos no se puede hacer más tarde. Es preciso recordar que el precio que se paga por no dedicarles a los hijos el tiempo necesario para garantizarles el amor que precisan para desarrollar un alto sentido de su valor personal y un gran respeto y afecto por sus padres, es demasiado alto y no se compara con ningún éxito profesional o económico. Al final de la vida lo único que perdura es el amor que se ha dado y quién mejor para recibirlo que nuestros propios hijos.

¿QUÉ TANTO CONOCE USTED A SUS HIJOS?

Las siguientes preguntas le ayudarán a darse cuenta de qué tan cerca está usted de sus hijos y qué tanto los conoce. Quienes puedan responderlas rápida y correctamente podrán estar seguros de que sus hijos ocupan un lugar prioritario en su vida.

  • ¿Cómo se llama el mejor amigo/a de su hijo?
  • ¿Qué es lo que más le gusta y lo que más le disgusta comer a su hijo?
  • ¿Cuál es el personaje favorito de su hijo?
  • ¿Cuál es el juguete o cosa favorita de su hijo?
  • ¿Qué año escolar están cursando su hijo y cómo se llama su director de grupo?
  • ¿Cómo se llama el maestro favorito de su hijo?
  • ¿Qué materia de estudio es la que más le interesa a su hijo?
  • ¿Cuáles son las materias o áreas de estudio más difíciles o que más le desagradan a su hijo?
  • ¿Cuál es la afición o actividad favorita de su hijo?
  • ¿Cuál es la mayor habilidad o destreza de su hijo?
  • ¿A qué le tiene miedo su hijo?
  • ¿En qué situaciones se siente muy bien su hijo?
  • ¿En qué situaciones se siente mal o vulnerable su hijo?
  • ¿Qué es lo que más le desagrada a su hijo de sí mismo?
  • ¿Qué es lo que más admira su hijo en usted?
  • ¿Sobre qué clase de temas prefiere leer su hijo?
  • ¿Cuál ha sido el momento más feliz de la vida de su hijo?
  • ¿Cuál ha sido el momento más triste de la vida de su hijo?
  • ¿Qué actividad le agrada a su hijo compartir con usted?
  • ¿Sabe su hijo cuál es su profesión, su posición laboral, la empresa donde trabaja y lo que usted hace para ganarse la vida?
  • Si usted pudiera detener el tiempo, ¿en qué momento de la vida de su hijo lo detendría?

Ángela Marulanda Gómez, colombiana, es educadora familiar, conferencista y consultora en temas relacionados con la formación de los hijos. Madre de cuatro hijos y con estudios de sociología, es escritora y columnista del prestigioso diario colombiano «El Tiempo», además de colaboradora de publicaciones latinoamericanas y sitios web. Entre sus otros libros destacan «Soy adolescente, ¡por favor entiéndanme!» y «Creciendo con nuestros hijos».

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NOTA: Este artículo es para fines educativos solamente.