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¿Cómo hacer que tus hijos sean independientes?

Ethel C. Palaci

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Criar hijos independientes es el anhelo de la mayoría de los padres, pero lograrlo no es tan fácil.

La mayoría de las mamás ponemos todos los esfuerzos para que nuestros bebés aprendan a hablar y a caminar, y que solitos alcancen las cosas, sepan pedir lo que necesitan y se defiendan cuando necesiten hacerlo. Todo va muy bien hasta que esa independencia que fomentamos se revierte contra nosotras mismas y nuestro “avanzado” pequeño aprende la palabrita mágica: “NO”.

El mismo “no” que usa para defender su juguete cuando otro niño se lo quiere quitar en la guardería, o el “no” que usa para responderle al primito frente a una travesura dentro de la casa. En fin, esas negaciones que nosotras mismas reforzamos y aplaudimos, ahora se vuelven contra nosotras cuando queremos que se coman toda la comida, o se vayan a dormir, y ellos simplemente se niegan a hacerlo, de palabra y de acción.

La independencia de nuestro hijo nos alegra mientras respete los límites que le marcamos, sin embargo, los niños quieren probarse a sí mismos, quieren ver qué son capaces de hacer y probarnos a cada minuto, y es entonces cuando reciben mensajes contradictorios de nuestra parte: “No corras”, “No pegues”, “No te separes de mí”. ¿Cómo encontrar el equilibrio entre darles poder y controlarlos? ¿Cómo hacer para que se atrevan sin que se arriesguen?

Soluciones simples al alcance de tus posibilidades

La respuesta a esas preguntas es bien sencilla: trabaja con límites en vez de hacerlo con prohibiciones. ¿Cuál es la diferencia?  Una prohibición es una pared que se pone enfrente para impedir cualquier cosa, y un límite es un margen entre dos paredes para que encuentres en ese espacio tu lugar. La primera inmoviliza, el segundo deja una parte a la libre elección, al uso de la voluntad y el autocontrol.

A una mamá le da terror que sus hijos pudieran ahogarse en el mar y les prohíbe acercarse a la orilla, y mucho menos meterse sin que ella los tome de la mano. Otra, en cambio, con el mismo temor les marca un límite para jugar en la playa e incluso para mojarse los pies en el mar. En el primer ejemplo, la prohibición dejó descansar tranquila a una mama e inmovilizó a unos niños. En el segundo caso, la madre tendrá que estar ocupadísima supervisando que sus hijos respeten el margen que les está permitiendo explorar el terreno y autocontrolarse. Lo más cómodo es prohibir, sin embargo, también resulta lo más arriesgado porque puede contribuir a la formación de niños rebeldes sin causa. En cambio, los límites bajo supervisión le permiten al niño conocerse a sí mismo, descubrir su entorno para medir sus fuerzas y asumir las consecuencias de sus actos para alcanzar el aprendizaje que garantiza un adecuado ejercicio de la libertad. Si quieres educar niños fuertes, independientes y a la vez prudentes, sigue estos consejos:

1-No frenes su curiosidad natural.
Es bueno que quiera saber y que pregunte todo. Pon a su alcance libros y experiencias que le den conocimientos y hazlo sentir inteligente por el hecho de ser curioso.

2-Acompáñalo en esa curiosidad
Si tienes la respuesta a sus dudas, respóndele, pero fomenta nuevos interrogantes para que juntos busquen las respuestas o descubran algo que tú tampoco sabías. Recuerda: Los padres “perfectos” no existen.

3-Advierte los riesgos, no uses el pánico como una forma de control
El miedo racional protege, el pánico bloquea. Hay riesgos que tu hijo puede correr sin poner en peligro su vida o su salud, y que le brindarán un gran aprendizaje. Por supuesto, existen peligros mayores que debes evitar, pero dándoles a los niños explicaciones objetivas, racionales y sinceras.
Si para evitar que tu hijo se separe de ti en el centro comercial le dices que por toda la tienda hay hombres malos que se roban niños, ten por seguro que el pequeño no se separará de tu lado ni un segundo. Pero asume la consecuencia de que esta información le generará una gran inseguridad de ahí en adelante. Es preferible decirle con firmeza que en el centro comercial los niños deben permanecer cerca de los padres porque el lugar es tan grande que se pueden perder, y punto.

4-No le ayudes antes de que te lo pida
Resiste la tentación de amarrarle los zapatos porque tienes prisa. Detente cuando quieras comer parte de su comida porque quieres que te imite y la acabe pronto. Contrólate cuando pretendes pedir por él los dulces en la feria, para ahorrarle la desilusión de una posible negativa. Los seres humanos tenemos esa gran cualidad que es la iniciativa para explorar. No la frenes en tu hijo, y verás cómo se convierte en un adulto independiente, seguro y feliz.

¡Advertencia!