Columna de Luis

El camino a la paternidad: La columna de Luis, parte 2

Luis

El día de hoy me ha llegado a la mente… Un domingo que para toda la gente quizás pueda ser un día normal y tranquilo, fue para nosotros un domingo muy difícil lleno de sentimientos muy dolorosos y que nunca se lo desearía a nadie. Hacíamos lo que habitualmente nos gustaba hacer en un domingo, pero desafortunadamente aun no sabíamos nada de que mi esposa tenía poliquistosis ovárica ni que ella tenia un embarazo en esos momentos de 4 semanas. Ella nunca tenía sus periodos regulares, por lo que no pudimos darnos cuenta de su embarazo hasta que sucedió lo peor: lo perdimos ese domingo después de sentir malestares, según ella, de que ya le tenia que llegar su periodo menstrual.

Por petición de ella suspendimos las actividades que habitualmente hacíamos en domingo, para irnos a nuestra casa a que ella descansara y hasta cuando fue al baño a tratar de evacuar fue cuando ocurrió lo peor, si en ese momento y sin nosotros saber nada. De haber sabido créanme que hubiera hecho todo lo que se hubiera podido hacer, pero ella en sus manos recibió el producto de 4 semanas que posteriormente nos pudimos dar cuenta, debido a lo análisis de patología practicados, con lágrimas en sus ojos me decía: “Luis, esto no es normal”. Inmediatamente corrimos con el Dr. más cercano, el que en ese momento no quiso adelantar nada sobre el producto.

Nunca pensé que iba a ser el comienzo de una serie de análisis para verificar que no hubieran quedado residuos que debieran de retirarse para intentar de nuevo el embarazo. Ahí no fueron muy buenos los resultados, ya que por medio de un eco vaginal se comprobó que no había residuos pero que sí había una serie de perlitas alrededor de los ovarios, a lo cual nos dio una explicación el ginecólogo y nos pidió una serie de exámenes y estudio de gabinete los cuales arrojaron el padecimiento de ovarios poliquísticos.

A partir de ese momento y con el impacto de haber perdido a un bebé, tardamos unas semanas en sobreponernos y estabilizar nuestras emociones y asimilar el hecho de que no iba a ser fácil volver a embarazarse. Decidimos comenzar los tratamientos, pero en esa época nos dimos cuenta que una de mis hermanas había quedado embarazada y fue algo que para la mayoría de la familia era alegría. Nosotros , sin embargo, sentimos resentimiento y lógicamente no se podía dejar de pensar en el ser que perdimos, ya que de haberse logrado, nuestro bebé sería de la misma edad que la hija de mi hermana.

Ya con el embarazo de mi hermana todo se enfocaba a ellos y nosotros con una gran tristeza, la familia sabía que habíamos perdido a un bebé, pero no sabían aun del padecimiento. Trataban de reconfortarnos con frases para ellos de aliento “no se preocupen, vuelvan para el próximo mes a intentarlo y verán que todo sale mejor” y para nosotros esas frases nos caían bastante mal. También sin dejar de mencionar las amistades que con los comentarios al saber del embarazo de mi hermana “Y ustedes ¿para cuándo?”, “Ya se están tardando” , y para salir del comentario la única respuesta de nosotros era “Lo estamos intentando, muy pronto tendrán noticias”.

Y las noches eran terribles debido a que había que soportar todos los días los comentarios. Y mi mujer ya sentía que las personas lo hacían a propósito para molestar. Y lloraba sintiéndose mal, repitiéndome que ella no servía para nada y mi consuelo se restringía a sólo tratar de hacerle entender que la gente no tenía conocimiento de nuestro problema y si hacían el comentario, sólo era por el simple hecho de decir algo y no pensaban el daño que nos hacían. Trataba de motivarla con el hecho de que “Mira este próximo tratamiento va a ser muy bueno”, y que primero Dios nos ayudaría a conseguir nuestro objetivo y simulaba yo no afectarme aunque por dentro estaba desecho de la situación. ¨Pero en ese momento lo único que realmente era importante era tratar de restablecerle a mi mujer su ánimo.

Con estas experiencias me gustaría recomendarles a todas las personas que se encuentran en medio de estos sentimientos tan pesados de sobrellevar que siempre existe la Esperanza y que con Fe es posible salir adelante. Que siempre es bueno, aunque muy difícil, platicarlo con alguien que te comprenda, que te apoye y que te ayude a darte ánimos de seguir adelante. Por eso me pongo a sus órdenes en lo que pueda ayudarlos…No soy ningún experto en ese tema, ni tengo especialidad médica pero lo que sí tengo es la experiencia de haberlo vivido y sentido. Y recuerden: no estamos solos, ni somos los únicos. Nos vemos muy pronto.

Esta es la segunda columna de Luis para TodoBebe. Si te gustaría enviarle una carta, escríbele a editor@todobebe.com . No puede contestar todos los emails, pero sí leerá tu mensaje.


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