Columna de la Editora
El embarazo de la editora, parte 12: Las contracciones, ¿serán de verdad?
Qué tonta debo parecer al hacer esa pregunta. Por supuesto que las contracciones son de verdad. Siento cómo mi útero se va encogiendo y después de algunos segundos, se relaja. Eso no me lo imagino. Pero la pregunta realmente es si son de las que me harán entrar en trabajo de parto o si acaso son una falsa alarma.
La primera vez que sentí una contracción no entendía lo que sucedía. Era un malestar distinto a los múltiples achaques que he vivido durante mi embarazo. Sabía que no era una patada de mi bebé, pero no lograba dilucidar qué era lo que sentía. De repente sentí que se apretaba mi útero alrededor del bebé e incluso me dolía un poco. Me di cuenta de que se repetía si subía las escaleras o hacía algún tipo de esfuerzo.
Era mi semana 30 de embarazo y me preocupé un poco. Por suerte había leído sobre síntomas del parto prematuro y cómo evitarlo, así que procedí a tomar 2 vasos de agua y recostarme sobre mi lado izquierdo para ver si eso ayudaba a que no se repitieran las contracciones. ¡Santo remedio!
De esa manera supe que no eran contracciones de parto, o sea, “no eran de verdad”. Las de parto ayudan a dilatarse, mientras que las demás, sólo ayudan a que el útero se ejercite y prepare para el gran día (el nacimiento de tu bebé). Generalmente las contracciones “inocuas” son indoloras y se caracterizan porque la panza se pone muy dura (tócate la frente; ahora toca tu barriga. Si tu vientre está así de duro, puedes estar teniendo una contracción). Son las llamadas contracciones de Braxton Hicks, que no dilatan y son irregulares (van y vienen sin un patrón definido).
Si la contracción dura varios segundos (incluso hasta un minuto) y no se va cuando dejas de hacer lo que estabas haciendo, ni cuando tomas 2 vasos de agua, sí podría ser señal de que estás en trabajo de parto. Tendrías que empezar a anotar la hora en que viene cada contracción y estar pensando en llamar al doctor si tienes más de 5 contracciones por hora o si adquieren un patrón regular (por ejemplo, cada 15 minutos).
Las contracciones “de verdad” no se detienen con nada y van aumentando en frecuencia e intensidad. Lo normal al final del embarazo es no tener más de 3 contracciones por hora; más que eso puede indicar riesgo de trabajo de parto prematuro.
Dependiendo del cuerpo de cada mujer, las contracciones se sienten en la parte baja de la espalda o comienzan en la parte superior del abdomen. Otras mujeres sienten una molestia en el vientre bajo, como un cólico menstrual. También depende de dónde está el bebé; si está mirando al “revés”, sentirás más dolor de espalda. En general, se dice que las contracciones de parto tienden a empezar en la zona baja de la espalda y luego el malestar se irradia hacia delante.
Es muy importante contarle al médico si estás teniendo contracciones. Dependiendo de la semana de gestación, juntos pueden elaborar un plan de acción para evitar que tu bebé nazca antes de tiempo. En mi caso, limitar la actividad física, descansar más y tomar mucho agua bastaron para disminuir las contracciones. Sin embargo, hay casos en lo que no es suficiente y se debe recurrir a medicamentos de la familia de los tocolíticos. También puede ser necesario que te coloquen una inyección de corticoides para ayudar a madurar los pulmones del bebé, algo que no hace daño y no debe asustarte.
No tengas miedo de conversarle al doctor lo que te sucede; sólo así podrá ayudarte y tranquilizarte. Pero más importante aún: sólo así juntos podrán cuidar al bebé que crece en tu vientre.











