Columna de la editora

La columna de la editora, parte 15: ¡Soy mamá! Y ahora, ¿qué hago?

Jeannette Kaplun

No podía dormir aunque estaba exhausta. La emoción de ser mamá y mi asombro por finalmente conocer a mi hijo no me dejaban conciliar el sueño. Finalmente a mi esposo y a mí se nos cerraron los ojos cerca de las 2 de la mañana, luego de repasar los increíbles momentos que acabábamos de vivir.

De repente, aproximadamente veinte minutos después, un llanto interrumpió mi sueño. Abrí los ojos, un poco desorientada, y me di cuenta de que era mi bebé el que lloraba. Lo miré en su cunita y empecé a repasar mentalmente las causas del llanto. Hambre no podía ser porque le había dado de comer hacía muy poquito.

Lo tomé en brazos e igual seguía llorando de manera desesperada. Le toqué su cuerpecito para asegurarme que no tuviera frío. El bebé seguía llorando.

En un arranque de genialidad posparto, finalmente atiné a revisar el pañal de mi hijito. Estaba empapado y con bastante meconio (que es normal) . Obvio que estaba molesto, ¿¡cómo no se me ocurrió antes!?

“¿Y ahora qué hago?”, me decía a mí misma. ¿Dónde hay pañales? ¿Cómo lo limpio? Todos los años de teoría se borraron de mi disco duro en esos momentos y parecía que nunca hubiese cambiado un pañal. Peor todavía. Parecía que ni supiera cómo hacerlo. En medio de mi desesperación e ineptitud, casi llamé a la enfermera para que ella lo cambiara…

Pero no lo hice. Era mi hijo el que lloraba y tenía que ver la manera de hacerme cargo de él. Me tranquilicé un poco y traté de convencerme a mí misma que yo era capaz de hacerlo.

Encontré los pañales debajo de la cuna, mojé unos paños con agua tibia y en ese momento me di cuenta de que era mamá. En las buenas y en las malas. Para toda la vida. Ese pañal sucio no lo voy a olvidar nunca, porque me hizo darme cuenta de la responsabilidad que había asumido al traer a este niño al mundo.

Una responsabilidad que a veces es abrumante, pero que trato de cumplir lo mejor posible. Desgraciadamente, “lo mejor posible” no implica “perfecto”. Cuando vino la enfermera unas horas después, revisó el pañal del niño y me preguntó, “¿Por qué no has usado crema o vaselina? Se le va a irritar la piel…”

Yo, la “experta” en bebés, había olvidado completamente los consejos que suelo dar todos los días. Y me di cuenta de que no importaba cuántos artículos leyera o escribiera, siempre habría algo que aprender (o recordar) en esta nueva aventura que recién comenzaba.


  • Community-bar1
  • Community-bar4
  • Community-bar5
  • Community-bar5
  • Community-bar6-new